
No es la primera vez que Micheletti y Mel se ven en la obligación de entrar en la mesa del diálogo, luego de protagonizar, desde los altos cargos que ostentaron, improperios e indirectas del más bajo nivel. Hasta fungieron una vez de farmaceutas, donde un recetario de medicamentos prescritos por ellos mismos nos indicaron el tipo de males que adolecen. Algo horrible, un circo patético que ahora lleva sus carpas a nivel internacional, con la idiotez e ignominia como primer acto. Mientras, los hondureños morimos de vergüenza, porque el mundo reconocerá el absurdo llevado al límite por nuestra clase política.
Idiotez, esa el la palabra. Uno, que no supo contener la ambición, intentó sin fortuna emular al gorila sureño que tiene de jefe, montando un autogolpe asolapado en las peores circunstancias, cuando la mayoría de los catrachos lo desprecian; y el otro, viendo que la destitución estaba servida en charola de planta, prefirió secundar la salida ortodoxa que se emplea en Honduras para destituir a los presidentes; no por nada llevamos 12 Constituciones. Ahora ambos se creen presidentes de Honduras, por Dios.
Existe una novedad en este embrollo político, pues los púgiles poseen un réferi de lujo: Oscar Arias. Menudo lío en que se metió señor Presidente de Costa Rica. Ya le vimos la cara luego del primero encuentro. Usted no hará mucho por la causa, más que dilatar y dilatar el problema. Réferi, cabe señalar, que dejó bien claro su posición en esta pelea, y no es otra que obedecer los reclamos de la comunidad internacional. En palabras Catrachas significa: “el golpe a la Constitución va y nadie lo detiene”.
Los dos, Micheletti y Mel, se bajaron de sus respectivos aviones para adular al señor Arias y separadamente confirmaron la rígida y ofensiva animadversión que se tienen. Parece ser una relación amor-odio, aunque usted, amigo lector que no vive en Honduras, no lo crea; si contamos que en las pasadas elecciones internas se abrazabas juntos apoyando la candidatura de Micheletti a al presidencia, donde un jovencito les hiso morder el polvo.
Es mejor que los presidentes de Honduras no participen en las discusiones sobre quien se queda y bajo qué términos. Dejen el trabajo a los respectivos delegados. No vaya ser que se den de trompadas en la casa de Arias y le despedacen el cálido hogar. Porque aquí a nadie le extrañaría semejante desenlace.
Parece que será otro laaargo fin de semana para los hondureños.
Saludos.
Idiotez, esa el la palabra. Uno, que no supo contener la ambición, intentó sin fortuna emular al gorila sureño que tiene de jefe, montando un autogolpe asolapado en las peores circunstancias, cuando la mayoría de los catrachos lo desprecian; y el otro, viendo que la destitución estaba servida en charola de planta, prefirió secundar la salida ortodoxa que se emplea en Honduras para destituir a los presidentes; no por nada llevamos 12 Constituciones. Ahora ambos se creen presidentes de Honduras, por Dios.
Existe una novedad en este embrollo político, pues los púgiles poseen un réferi de lujo: Oscar Arias. Menudo lío en que se metió señor Presidente de Costa Rica. Ya le vimos la cara luego del primero encuentro. Usted no hará mucho por la causa, más que dilatar y dilatar el problema. Réferi, cabe señalar, que dejó bien claro su posición en esta pelea, y no es otra que obedecer los reclamos de la comunidad internacional. En palabras Catrachas significa: “el golpe a la Constitución va y nadie lo detiene”.
Los dos, Micheletti y Mel, se bajaron de sus respectivos aviones para adular al señor Arias y separadamente confirmaron la rígida y ofensiva animadversión que se tienen. Parece ser una relación amor-odio, aunque usted, amigo lector que no vive en Honduras, no lo crea; si contamos que en las pasadas elecciones internas se abrazabas juntos apoyando la candidatura de Micheletti a al presidencia, donde un jovencito les hiso morder el polvo.
Es mejor que los presidentes de Honduras no participen en las discusiones sobre quien se queda y bajo qué términos. Dejen el trabajo a los respectivos delegados. No vaya ser que se den de trompadas en la casa de Arias y le despedacen el cálido hogar. Porque aquí a nadie le extrañaría semejante desenlace.
Parece que será otro laaargo fin de semana para los hondureños.
Saludos.






